La Navidad En Ábaco: Volver A Casa del Hotel Ábaco en Altea. Web Oficial.
La Navidad en Ábaco: volver a casa
Para mí, cada época del año tiene su magia. La luz, el clima, los olores… todo lo que la naturaleza desprende influye en mi bienestar y en mi equilibrio. En los hoteles esa energía suele expresarse con flores y decoración, y siempre me fascinó la idea de tener una floristería dentro del propio hotel. Aunque Ábaco es pequeño y no podemos tenerla, disfruto del mercadillo de los martes, donde encuentro tesoros naturales que me inspiran. Fue así como nació mi costumbre de decorar la chimenea para cada estación: un rincón vivo que cambia con el año y transmite la esencia de cada momento.
Pero hay una época que guarda un brillo especial en mi corazón: la Navidad. Y ese amor profundo viene de mi madre.
En mi casa, la Navidad era un espectáculo. Mi madre cambiaba los muebles, recogía musgo, piedras, ramas y piñas para montar un Belén que ocupaba casi la mitad del salón —un salón grande, porque éramos muchos—. Había una mesa siempre llena de chocolates, turrones, polvorones y pequeños caprichos que anunciaban que las fiestas habían llegado de verdad. La música navideña sonaba desde todos los rincones, luces dentro y fuera de casa hacían que pareciera que los duendes la habían hechizado, y del techo “caía” un trineo de Papá Noel como si acabara de aterrizar del cielo. Además, gigantes Papás Noeles, duendes y personajes navideños, casi de mi tamaño, ocupaban cada esquina.
Era maravilloso. Tanto, que los vecinos venían todos los años a ver la decoración, y mis amigos alucinaban. Supongo que esa magia se me quedó dentro… y hoy es lo que trato de recrear en Ábaco.
Cada año me reinvento. Intento crear montajes más espectaculares, para que la magia de la Navidad envuelva desde la fachada hasta el interior. Que cada persona que pase por delante sienta el impulso de acercarse, hacer una foto, entrar, respirar la esencia de pino, eucalipto, naranja y canela… un pequeño homenaje al perfume Ábaco.
Mi intención es sencilla: que el vecindario se sienta orgulloso, que quien pasa sonría, que quien visita Altea sienta curiosidad y se lleve un recuerdo —un brindis de cava, un polvorón, una foto bonita— sin esperar nada a cambio más que la ilusión de volver.
Por eso, años atrás me presenté al concurso de escaparatismo. Aunque no teníamos escaparate, crearon una categoría para hoteles, y allí estuvimos: mostrando que la magia también puede vivirse en una fachada, en un patio, en una chimenea.
En Ábaco vivimos la Navidad con entusiasmo. Y queremos que nuestros huéspedes entren y se sientan en casa, con esa misma emoción que yo sentía cuando volvía a la mía tras estar fuera: esa necesidad de llegar a mi cuarto, respirar ese olor único, sentirme cuidada, amada y protegida por los duendes… y por la familia.
Eso es Ábaco: un abrazo cálido cuando cruzas la puerta.
Es cierto que cerramos en Nochebuena, porque respeto profundamente que mi equipo disfrute el día tal y como yo deseo disfrutarlo con los míos. Pero el 31 volvemos a abrir, listos para celebrar, agradecer y recibir el nuevo año.
En esas fechas, el hotel se convierte en un refugio para quienes eligen pasar Fin de Año en Altea. Les ayudamos a encontrar el restaurante perfecto para cenar y, antes de que salgan, brindamos juntos con un picoteo ligero. En cada habitación dejamos una botella de cava y uvas, para que cada uno celebre como prefiera: en la playa, siguiendo la tradición local, o en la intimidad del dormitorio. No hacemos grandes fiestas porque nos gusta ser distintos, y quizá esa autenticidad es lo que hace que muchos huéspedes regresen año tras año.
Vivir la Navidad en Hotel Ábaco es como volver a casa por Navidad: una esencia que se impregna en el alma, en el corazón y en la memoria.
Una magia que permanece.
Un recuerdo que acompaña.
Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.